Quienes me conocen saben que tengo los pies muy pequeños. Este hecho, ajeno a mi voluntad, ha sido motivo de conversación en varias reuniones.
Hace poco, en un bar madrileño un chico comentaba a viva voz acerca de su novia: "Calza 36. ¿Puedes creerlo? Estoy enamorado. Calza 36"
Increíble y reconfortante es que en estos días donde los cánones de belleza son a veces tan estrictos, alguien se atreva a confesar su amor por una cuestión fetichista y arcaica.
Un dato curioso q he leído recientemente en un artículo en The Guardian es que en el pasado los médicos tomaban la medida de los pies de las mujeres embarazadas para determinar si necesitarían cesárea ya que se suponía que los pies pequeños eran una señal de pelvis pequeña. Esto es un mito y de todas formas las mujeres menudas tienden a engendrar hijos pequeños.
Es bien sabido que en China los pies pequeños han sido un símbolo de sensualidad.
Se dice que esta tradición empezó en el siglo X cuando el emperador Li Yu ordenó a una de sus concubinas vendarse los pies con cintas de seda y bailar sobre una plataforma donde había esculpida una flor de loto. Desde entonces las pobres niñas chinas han sido sometidas a toda clase de atrocidades para poder adaptarse a estos parámetros de feminidad hoy tan ridículos.
Los pies vendados eran sumamente bellos y eróticos y el hecho de tenerlos ocultos despertaba el deseo por lo oculto y prohibido.
En un artículo publicado recientemente en la revista Quo, se menciona que en la España en los siglos XVI y XVII también se veneraba a las mujeres con los pies diminutos. La última complacencia hacia un hombre según la escritora francesa Madame D´Aulnoy era enseñarle un pie al caballero.
Lo cierto es que tan importante son los pies que la Reflexología se encarga de estimular manualmente ciertas zonas del pie donde se encuentra representado todo el cuerpo.
La práctica de vendarse los pies ha durado mil años en China.
Tal vez la moraleja sea intentar desprenderse de todos esos parámetros y reglas sociales que delimitan el marco de la belleza y que con el tiempo se vuelven totalmente inútiles y carentes de sentidos.
Fetiche sexual, objeto de tortura o deseo, no dejo de pensar que tal vez en China hubiera sido una persona sumamente popular gracias a mis piecitos…Siempre llego tarde...
lunes, 22 de septiembre de 2008
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1 comentario:
Nati, podrías haber sido popular igualmente, tenés un par más de cualidades que un pie pequeño.
Es muy cierto lo del fetiche de los pies. Tengo una amiga en EEUU, que una vez le pagaron para hacer una sesión de fotos para un sitio de pies. Sí!, y doy fe de ello, porque la acompañé a la sesión! Era muy gracioso como el fotógrafo enfocaba siempre en primer plano, sus pies. Los pies jugando en el mar, los pies sobre hojas secas, los pies caminando sobre un tronco...
Un dato: mi amiga calza 37-38
Una revelación: me dió bronca que a mi no me eligieran... Pensé, debe ser que mis pies no calientan a nadie!
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